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¿A qué se debe el éxito de 50 sombras de Grey?

Publicado originalmente en Revista Diners número 510, septiembre de 2012

¿En qué radica el éxito de una trilogía escrita por una debutante en la literatura, cuyos libros fueron publicados inicialmente en formato digital por una pequeña editorial australiana? ¿Por qué hoy 31 millones de estadounidenses han comprado los tres tomos de Cincuenta sombras, sus derechos han sido vendidos a 40 países y los productores de La Red Social la llevarán al cine? La respuesta podría estar en una mezcla perfecta entre romanticismo y erotismo, delineado metódicamente por el psicoanálisis y el mercadeo.

La fórmula para este avasallante resultado, calificado como ‘porno para mamás’, tiene sus raíces en una hábil estrategia de marketing (¡qué más que vender la trilogía dentro de en una caja con esposas, máscara y corbata!), donde la autora y su obra no son más que un producto que respondería a una demanda por ’volver a lo básico’ (en los instintos, en la idea de que la elaboración no es tan primordial), y donde tanto la vida de la autora como la de los personajes, generan en el lector un sentido de identificación.

Erika Leonard, E. L. James, como firma, es una mujer de 49 años que trabajó como productora de televisión, es madre de dos hijos adolescentes y está casada con el mismo hombre desde hace 20 años. Características que encajan con el común de las mujeres que constituyen su mayor público: amas de casa que aplazaron sus propósitos profesionales por decidirse, primordialemente, a constituir un hogar. James ha confesado haber escrito la trilogía en medio de su crisis de la mediana edad, luego de esculcar entre sus sueños de infancia y encontrar las agallas para hacer lo que siempre quiso: escribir historias. Este éxito parece señalar que todo es posible y que se puede alcanzar el dinero y la fama cuando por fin nos decidimos a perseguir nuestros sueños. Todos podemos lograrlo.

La historia, por su parte, apela a instintos básicos que se empaquetan en la mejor descripción que puede hacerse de este libro: un cuento de hadas para adultos, donde una joven virgen e inocente, vendedora en una ferretería (Anastasia),es cortejada por el mejor de la especie, un hombre atractivo, inteligente, trabajador, exitoso, filántropo y millonario (Grey) que le promete aventuras inimaginadas. ¿Qué más aspiracional que este relato? Es la fábula perfecta de la chica con una vida aburrida en la que, cual milagro, logra que el hombre de todos nuestros sueños—una estrella del jet set al que ella domaría— se fije en ella. La misma autora ha dicho que los dos personajes tienen mucho de sí misma, pues Christian Grey es su tipo de hombre (¿será como su esposo?) y Anastasia Steele tiene su timidez, inteligencia y decisión (vaya guiño a la maestra del género, Danielle Steel).

Aquí entramos en un terreno fascinante, el de la identidad. La mayor característica de Anastasia es, precisamente, no tener ninguna. En el libro se presenta un personaje en blanco, una silueta sin características particulares. No sabemos si es bonita, fea, alta o baja. La protagonista podría ser cualquiera. Usted. O yo. De nuevo el mensaje: todos podemos lograrlo. Una mujer puede tener a sus pies al hombre imposible sin estar dotada de ninguna espectacularidad. Brillante. Mientras tanto, el personaje masculino está detalladamente descrito para encajar con el deseo femenino común, no solo físicamente, sino con actitudes que se esperan de un “príncipe azul”: “Nunca le había presentado una mujer a mi madre”, “no había pasado la noche con alguien”, “nunca había tenido un polvo vainilla (hacer el amor)”, “quiero conocer a tu padre”.

Grey es un hombre directo que siempre deja claras sus intenciones, incluso las más oscuras. “No vas a hacer nada que no quieras hacer”.

Pese a que los ingredientes bien integrados resultan en una buena receta, no es la más original. Es la misma que se ha repetido en cuentos y novelas románticas a lo largo de la historia. Entonces, uno de los mayores secretos del éxito editorial podría estar en lo que sus mismos lectores han develado: el renacer de una exploración sexual que, bajo el sello del matrimonio, se ha perdido con los años. Muchas mujeres han confesado que estos libros les permitieron experimentar por primera vez orgasmos, y aún más: en Estados Unidos ya se ofrecen talleres sexuales basados en las peripecias íntimas de Grey y Steele. La trilogía avala una redefinición de los límites sexuales, y he aquí el meollo del asunto: no con un amante, sino entre esposos apagados por la cotidianidad del hogar, los gastos y la crianza (la autora, o su aparato, parecen retomar esa situación de Las Edades de Lulú, de Almudena Grandes).

“Aunque se aborda una sexualidad desde el cliché –el juego sado- va más allá: apela a ese deseo inconsciente que tienen todas las parejas del mundo y es estar preparados para vivir cualquier cosa”, explica el psicoanalista Ricardo Aponte. Y aunque la tendencia es llevar la fantasía afuera, y ser infiel, el libro parece reivindicar la idea de pareja, de matrimonio. “Así sea fantasía en gran parte”, sigue el psiquiatra.

Así, ese “matrimonio” parece firmarse metafóricamente entre Grey y Anastasia cuando llegan a un acuerdo a través de un contrato sexual en el que se establecen las condiciones de la relación de manera clara sobre lo que se quiere y lo que no, sin los rodeos y juegos que constituyen la incertidumbre de una relación de amantes. Se acuerda la monogamia entre las partes, sin unas obligaciones eternas y cotidianas que aten, solo las que proporcionen placer.

Mientras los críticos arremeten en blogs y medios impresos contra la pobreza literaria de la obra y los hombres no lo leen por ‘femenina’, el común de las mujeres (y no solo amas de casa) expande este fenómeno a la contagiosa velocidad del boca a boca y le concede un orgasmo financiero a la vieja industria editorial. Al fin y al cabo, es una perfecta lectura de entretenimiento con muchas escenas de sexo puro y duro. Puros consejos de porno, pero dados por mamá y para mamás.

 

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